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Dar una definición exacta de lo que es el populismo resulta complicado dada la carga histórica y política que envuelve al término. En la actualidad es utilizado negativamente como una etiqueta para aquellos que no se pegan al estándar y tratan de romper el esquema. Aunque a nivel global esta representación de gobierno no ha sido siempre exitosa y su ejecución en el gobierno no ha sido siempre la mejor o más certera.

La palabra nace como una reestructuración en la forma de gobierno justo después de terminada la guerra fascista; países de primer mundo como Estados Unidos, Francia o Rusia, se unieron a estos nuevos planteamientos perdurando algunas dentro de sus esferas políticas y de gobernanza hasta el día de hoy. La esencia del movimiento radica en la representación en forma de protesta de aquellos que conforman realmente al pueblo; obreros, operarios, indígenas, etc., dándoles una voz ante el gobierno y actuando para que aquellos quienes conservan el poder desde la élite lo abandonen, a fin de crear un reparto más equitativo de bienes y/o de oportunidades.

Img El populismo puede ser entendido como un estilo de liderazgo caracterizado por la relación directa del lider-seguidor

En términos de lo general, para todos se vuelve benéfico un ambiente en el que el acceso a las oportunidades sea equitativo, sin importar si se es pobre o rico, que es el tema central de este movimiento. Pese a ello, las implicaciones se han observado más allá que un reparto de bienes, en algunos países como Venezuela, se convirtió en un saqueo generalizado de oportunidades y de opresión a la opinión.

En lo que respecta a nuestro país, han transcurrido ya casi dos años desde la toma de protesta del actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Muchas son las dudas que han surgido alrededor de su figura y, sobre todo, alrededor de su forma de gobierno. Éstas se remontan incluso antes de su periodo de campaña, mismas que hasta la fecha no han podido disiparse, por el contrario, han fortalecido las teorías de aquellos que se oponían a su visión.

Andrés Manuel se ha vendido como un gobernante del pueblo, como un candidato que entendía las necesidades de su gente porque las vivía como ellos, a pesar de esto, no todos han compartido su retórica; misma a la que se le ha tachado de populista, además de peligrosa para el desarrollo de un buen terreno democrático. Como parte de sus propuestas el actual presidente planteaba un panorama de prosperidad en México, una acentuación en los apoyos para los mas desfavorecidos de la sociedad, garantizando acceso a beneficios económicos, educativos, culturales e incluso hasta de movilidad. Fomentó la recuperación de recursos del erario a través de instituciones gubernamentales para su posterior aplicación en canales que beneficiaran “al pueblo”.

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El problema de sus planteamientos radica principalmente en que esta sectorización del gobierno deja desprotegido a grupos de empresarios, clase media y alta. En esta protección se han descuidado otros aspectos como el fomento económico, las relaciones exteriores, la búsqueda de inversión extranjera, etc. Los cuales fueran parte de los temores de aquellos politólogos estudiosos de la materia. Aunque pudiera sonar un poco absurdo, ¿quién cuida a aquellos que mueven la economía? ¿Para con quien es el compromiso de un gobierno?

La naturaleza de un gobierno democrático sano es que no se ponderen las necesidades de la población de acuerdo con el grupo al que pertenezcan. Si bien, existen situaciones que exigen una atención prioritaria o de mayor enfoque, es esencial gobernar para todos sin sectorizar y/o descuidar otros ámbitos de nuestra gestión.

A la actual Administración Federal se le han olvidado algunas cosas, de las que se reitera, les preocupan a muchos de los ciudadanos a lo largo del país. En su afán por mantener una comunicación activa con la población, por ejemplo, se crearon las conferencias matutinas del presidente. En ellas se abordan temas diarios de relevancia para la ciudadanía, sin embargo, múltiples han sido las ocasiones en que las intervenciones de los periodistas se ven limitados a aquellas que el presidente considera las mejores. El autoritarismo es uno de aquellos símbolos de un populismo mal desarrollado, proyectado en el gobierno de Venezuela.

La entrega de apoyos gubernamentales se ha globalizado, un buen movimiento en el combate a la pobreza, no obstante, los filtros para su entrega y control son pocos. Un error que cuesta no sólo a una población sino a todos aquellos que formalmente aportan a la economía.

La estrategia del presidente está clara y es simple; ni la clase media ni alta generarán la cantidad de votos necesaria para ganar una elección. Hay que asegurar que sea el sector menos beneficiado, el de la clase baja, quien acuda a las urnas a emitir un voto a favor, traerá consigo más años al frente del poder. Mucho se puede hablar de los contrastes y las preocupaciones que trae consigo una administración que atenta contra la equidad, disfrazándose de democrática.

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El populismo, según la RAE, es una «tendencia política que pretende atraerse a las clases populares».